La regularización de los deepfakes
Desde el intercambio de caras hasta los filtros 3D, los efectos digitales son accesibles de una manera como nunca antes. Pero, ¿qué son estos deepfakes que toman Internet por asalto? ¿Cómo está evolucionando esta tecnología y qué tiene que ver la Inteligencia Artificial (IA) con ella?
Si estás activo en las redes sociales, es posible que hayas visto muchas aplicaciones y filtros utilizados para intercambiar caras en imágenes y vídeos. Esa tecnología ha existido durante muchos años, pero rara vez ha producido resultados tan creíbles. Hoy en día, hay varias formas diferentes de intercambiar caras de una manera muy realista.
Para estas creaciones se utiliza un autocodificador, que crea una imagen latente con solo algunas variables (parámetros de sonrisa, ceño fruncido, etc.) y repone con otras la imagen final (los mismos gestos con otro rostro, o el mismo rostro con otro discurso, por ejemplo). Pero no estamos hablando solo de imágenes fijas o en movimiento, sino también de sonido. La falsa primicia basada en un audio viral sobre el supuesto pase de Lionel Messi al Manchester City podría haber prescindido de un imitador talentoso. El audio bien podría haberse creado con un software como el que utiliza el Boston Chlidren’s Hospital para reecrear la voz de quienes perdieron el habla. En septiembre se conoció la primera gran estafa de un deepfake: según el Wall Street Journal, el CEO de una compañía inglesa transfirió 220.000 euros por orden de un software que imitaba la voz de su jefe alemán.
La mera existencia de esta tecnología no solo habilita la posibilidad de crear fakes -con consecuencias políticas y sociales inusitadas- sino desbancar a la realidad de su status: si lo que existe realmente puede ser adulterado o directamente inventado, todo el mundo tiene derecho a desconfiar, lo que termine ocasionando un gran desinterés a la hora de diferenciar entre los archivos verdaderos y los Deepfakes. Cuando esta confianza es erosionada, se facilita mucho el hecho de generar dudas e inculcar ideas erróneas, dificultando el pensamiento crítico.
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